El Padre Gonzalo Bravo, nació en Valparaíso el 30 de diciembre de 1962. Es el sexto de siete hermanos. Hizo sus estudios primarios y secundarios en Quilpué. Es Licenciado en Ciencias Básicas de la Ingeniería en la Universidad Técnica Federico Santa María; ingeniero civil en esa misma Universidad, Bachiller en Ciencias Religiosas en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Licenciado en Teología Bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (2001) y Doctor de la misma disciplina y lugar (2008).
Actualmente es Decano de la Facultad Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en el área de Sagrada Escritura. En ese plantel es profesor desde el año 2008.
Ingresó en el Seminario Mayor San Rafael de la Diócesis de Valparaíso, el 19 de marzo de 1990, a la edad de 27 años. Fue ordenado diácono el 20 de abril de 1997 y sacerdote el 12 de octubre de 1997, en la Catedral de Valparaíso, por imposición de manos de Mons. Francisco Javier Errázuriz Ossa.
Entre 2001 y 2002 fue vicario parroquial en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en Viña del Mar. Desde 2002 hasta 2005 fue administrador parroquial de la Parroquia Jesús Buen Pastor, en Valparaíso. Desde 2008 se desempeñaba como párroco en la Parroquia El Salvador del Mundo ‘La Matriz’, en Valparaíso.
El 26 de mayo de 2020 el papa Francisco lo nombró Obispo de la diócesis de San Felipe de Aconcagua. Y fue ordenado el día 15 de agosto de ese mismo año por el Nuncio Apostólico Alberto Ortega, en el Santuario de Santa Teresa de Los Andes.
El escudo está compuesto de cuatro imágenes dos en la parte superior y dos en la parte inferior. De las que se encuentran en la parte superior (de izquierda a derecha) encontramos la primera de ellas, se observa una vasija u olla tomada por dos manos, imagen que representa el valor de la comunidad como centro, la entrega, la disposición a servir y trabajar por el prójimo. Dadora de vida y alimento tanto corporal como espiritual. Representa la labor incansable realizada por los más pobres y marginados en la Matriz de Valparaíso, la dedicación de vida de un antes que se proyecta a un después para San Felipe.
En diagonal, parte inferior derecha, dos manos que se acogen y estrechan, una más tersa que toma otra más añosa, representa el trabajo, el recorrido de la vida, de la sabiduría, de las enseñanzas y de la misión asumida junto con el presbiterado. Es signo del tiempo, de la acogida, de la entrega personal y espiritual al prójimo, a seguir el camino de Cristo en esa mano atemporal, que, a pesar del cansancio te levanta e invita a seguir sus enseñanzas y a no claudicar en la misión encomendada.
En la parte superior derecha, una afluente de agua que cae desde las piedras, piedras fundacionales de la Iglesia, de las cuales brota la vida en la fe. Representa la incorporación a la Iglesia, la purificación, el espíritu de Dios que corre incesantemente, no se estanca, por lo que siempre se renueva cayendo a acoger a todo el que le necesite.
En diagonal al afluente de agua, en la parte inferior izquierda, una escalera que llega a una puerta de donde emerge luz, representa el caminar en misión y la recompensa al servicio y trabajo, la esperanza de la vida eterna, de llegar a un cielo luminoso, abrazador para ubicarse junto al Padre. Es la misión de cumplir las enseñanzas sin desviarse del camino, de anunciar la buena nueva a todo aquel que quiera escuchar. Es una puerta que invita a entrar, que acoge.
El escudo fue diseñado por una joven ilustradora chilena, Gabriela Sánchez Castillo, de 16 años, que vive en Rancagua.
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